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AQUÍ VIVE EL HORROR

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Qué curioso es volver a algunos libros después de varios años. A veces puede ser una experiencia muy grata: rescatas pasajes, emociones que en su momento te cautivaron. Otras, en cambio, no siempre reconoces la historia tal y como hoy se despliega ante ti. Si es que ya lo dijo Sabina: «Al lugar donde has sido feliz es mejor que no trates nunca de regresar». Soy asidua a las librerías de segunda mano, por lo que cuando vi un ejemplar de Aquí vive el horror, de Jay Anson, me lo compré con esa sonrisilla que se dibuja en la cara, aunque sea un momentito, cuando vuelves a una etapa dulce en la que descubriste algo molón que te gustaría recuperar. Con este libro me ocurrió que recordaba la inquietud, la atmósfera densa, la sensación de estar asomándome a esa casa terrible en Amityville. Sin embargo, no tenía muy frescos los detalles y quizá por eso esta segunda lectura ha sido… distinta. Sí, vamos a dejarlo en «distinta». El libro, presentado como una investigación sobre fenómenos sup...

LA MIRADA INCÓMODA

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  Soy de la creencia de que la literatura, cuando es honesta, puede llegar a ser tranquilizadora a la par que incómoda. Y creo que en esta antología Pablo Cabrera abraza precisamente la idea de que observar la realidad a veces exige un análisis que no suavice sus aristas. La mirada incómoda ahonda en lo cotidiano, pero fijándose en las esquinas, en los pliegues, en las pequeñas fisuras de la vida, las que no percibimos a primer golpe de vista. Se posa en lo invisible y nos obliga a observar con atención. Quienes hemos seguido la trayectoria de Pablo sabemos que su lenguaje natural es la poesía, ese campo hermoso y noble donde lleva tiempo demostrando cuán grande es. Cuando esa sensibilidad se traslada a la narrativa, el resultado es especialmente interesante, y es que en sus relatos nada parece casual ni baladí; siempre arrastran consigo una intención, una pequeña abertura por la que se cuela algo importante. Y cuando Pablo decide adentrarse en lo siniestro —porque también lo ...

ELLA

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  Algunas novelas se imponen por la acumulación de giros y otras lo hacen por la densidad de su atmósfera. Ella , la nueva novela de Fernando Gamboa, fusiona claramente ambos territorios. De entrada, no vamos a encontrarnos descripciones copiosas ni un despliegue ornamental del paisaje en cada escena. Gamboa trabaja con pocos trazos, cosa que favorece la inmersión en esta clase de historias. Nada de andarse por las ramas ni enredarse en florituras. Va al grano y a un ritmo fantástico. En el centro de la novela se halla Nuria Badal, personaje muy alejado de la figura clásica de los investigadores infalibles y que mucho menos responde al arquetipo del héroe resolutivo. Me gusta que avance movida por una necesidad íntima de comprender lo que acontece a su alrededor —y que, en cierto modo, use el trauma como un motor para hacer lo que siempre le viene en gana—. Hay en ella una resistencia casi insolente ante lo inexacto. Ya sabes, si no te salen las cuentas, hay que volver a contar...

UN BUEN ACTO

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  Ángel Alonso vuelve a brillar con Un buen acto, su novela más reciente. Una historia que maneja la psicología oscura sin apostar por los recursos sencillos, los que tienden a sobresaltarte sin medida. Aquí la tensión se fragua despacio, como suele ocurrir con los buenos materiales. Ángel te propone una historia de culpa, redención, decisiones cruciales, y lo hace a través de Camila, una protagonista tremenda. Su encuentro con Ilena —una joven tan enigmática como atrayente— es el inicio de una espiral que va tornándose oscura y adictiva, tanto para Camila como para ti, porque una vez te inicias en esta lectura ya no puedes despegarte de sus páginas. En lo personal, considero que el mayor acierto de Ángel, aparte de la profundidad de sus personajes, es la forma de involucrarte en la trama. La narración tiene un tono muy íntimo, casi confesional, y esto no es fácil de conseguir: convencer al lector de que algo —malo— está a punto de producirse y que sólo puede asistir como mero te...

SONRISAS

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  Cris de la Torre llegó a mi vida para quedarse, primero, por su preciosa personalidad; segundo, por su capacidad creativa, que desde ya te adelanto no es poca. Nuestra primera toma de contacto fue charlando de Jane Austen en Nigromantes Literarios —corre a escucharlo, si te lo perdiste—, y tan fascinante me resultó cuanto decía, desde esa seguridad de quien sabe de lo que está hablando, de su profundo amor por la literatura, que me dije: «no pierdas de vista a esta chica, Saray. Estoy segura de que, cuando menos te lo esperes, te sorprenderá con una historia de su autoría». Y no me equivoqué. Ya había leído algún escrito de esta señorita —privilegios que entraña la amistad—, pero desconocía su capacidad para enfocarse en el género que más amo. La fluidez de la trama ya me la esperaba, puesto que Cris tiene soltura de sobra para narrar, pero que me atrapara con tanta rapidez sí fue toda una sorpresa. De las gratas, de las que te piden saber más. Y seguir leyendo. Y desear que ...

EL FULGOR

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  Empecé la lectura de El Fulgor sin saber muy bien qué me encontraría —la mayoría de las veces me enfrento a las lecturas sin siquiera haberme leído la sinopsis— y terminé dejándome abrazar por una historia que fusiona misterio, romance, drama y fantasía. La novela empieza con un incendio terrible durante el baile de primavera en la mansión del ducado. De entrada, suena a una tragedia clásica, pero nada que se le parezca. El incendio es el resultado de una maraña de intrigas que han estado gestándose durante mucho tiempo, y como Magaly sabe lo que hace, consigue desde el principio que te cuestiones mil cosas, entre ellas, cómo se originó el fuego o quién está detrás de todo esto. Aquí los gobernantes tienen poder absoluto, y toda la trama gira en torno al ducado, donde las luchas por el control, los secretos de familia y las tensiones entre clases son el motor de la historia. Como a estas alturas ya creo que conoces mis gustos literarios, lo que más me ha gustado es el element...

MADAME BOVARY

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  A ver cómo explico yo lo que me ha pasado con este clásico... Supongo que una buena forma de hacerlo es decir que ha sido una experiencia… ambivalente. Durante buena parte de la novela —más de la primera mitad— me aburrió soberanamente. Llámame rara, pero cuando se dedica página y media a describir los atuendos de los invitados de una boda, me da por resoplar y contar los minutos que dedico a la lectura. Sí, lo reconozco: soy una lectora impaciente. Aun así, cuando se trata de clásicos me pongo las gafas de la época y trato de mimetizarme con el entorno y la forma de pensar de los personajes; ni siquiera de esta forma fui capaz de dejarme llevar por el ritmo pausado y esa cotidianidad gris que el autor manifiesta a cada rato en el escenario rural. Sin embargo, y como suele suceder con los mejores trucos de magia, no fue hasta casi el final que todo cobró una fuerza inesperada gracias a la enorme carga trágica que hace de este un clásico indiscutible y que justificó el sufri...