LA MIRADA INCÓMODA

 


Soy de la creencia de que la literatura, cuando es honesta, puede llegar a ser tranquilizadora a la par que incómoda. Y creo que en esta antología Pablo Cabrera abraza precisamente la idea de que observar la realidad a veces exige un análisis que no suavice sus aristas.

La mirada incómoda ahonda en lo cotidiano, pero fijándose en las esquinas, en los pliegues, en las pequeñas fisuras de la vida, las que no percibimos a primer golpe de vista. Se posa en lo invisible y nos obliga a observar con atención.

Quienes hemos seguido la trayectoria de Pablo sabemos que su lenguaje natural es la poesía, ese campo hermoso y noble donde lleva tiempo demostrando cuán grande es. Cuando esa sensibilidad se traslada a la narrativa, el resultado es especialmente interesante, y es que en sus relatos nada parece casual ni baladí; siempre arrastran consigo una intención, una pequeña abertura por la que se cuela algo importante. Y cuando Pablo decide adentrarse en lo siniestro —porque también lo hace— alcanza momentos realmente sublimes. Claro que esta antología no se limita a ese registro. Hay páginas en las que se permite ser profundamente emocional, impregnando de su fantástica poesía —camuflada como lo haría una criatura astuta y paciente— cualquier recoveco que permitan los márgenes, las tabulaciones e incluso la estructura del libro. Pero también hay otras en las que nos conduce a escenarios más oscuretes, aquellos que preferimos ignorar cuando tratamos de aferrarnos a eso que solemos llamar humanidad y que tanto nos consuela. En cualquier caso, su mirada resulta siempre enriquecedora y acaba empujándonos hacia una reflexión necesaria, quizá más que nunca en los tiempos que corren.

Lo más sorprendente del Pablo relatista es que maneja con bastante habilidad ese desplazamiento casi imperceptible entre lo que nos parece común y lo que nos puede perturbar desde la raíz. De pronto, cuando crees estar instalado en una escena que bien podría formar parte del día a día de cualquiera, algo cambia ligeramente el ángulo de la mirada y la historia adquiere ese matiz inesperado: la mirada incómoda.

En términos de estilo, opta por un texto muy cuidado y medido que te genera la ilusión de avanzar sin quebrar la armonía, pero que deja siempre un resabio particular. Se nota que Pablo confía en la precisión de la palabra y en el peso de las imágenes para sostener cuanto expresa. Quizá por eso la atmósfera de muchos de los relatos se construye de manera tan eficaz, pues todo parece moverse en un terreno casi doméstico, hasta que de pronto aparece la frase que cambia la perspectiva o el detalle que altera el equilibrio de la historia. Esa combinación me parece, en buena parte, un rasgo característico del estilo de Pablo.

Al final, lo que propone La mirada incómoda es algo que no siempre encontramos en la narrativa breve, y es una contundente invitación a detenernos, a mirar con más atención aquello que normalmente dejamos pasar por alto. Pablo nos quiere colocar frente a pequeñas escenas de la vida que nos obligan a replantearnos lo que creemos entender sobre nosotros mismos y sobre los demás; se atreve a mirar de frente ciertas zonas incómodas de la realidad, y puede que eso nos conceda una forma muy valiosa de comprenderla.

¡Canela en rama, guapérrimos!

 

 

 

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