SIEMPRE EN FEBRERO
Cantidad no es sinónimo de
calidad. Y, para muestra, un botón. Siempre en febrero pertenece a la categoría
de historias que, probablemente, nadie imaginaría que también leo. Lo sé, todo
el mundo me ubica como un ser oscuro que se sienta a leer en el interior de una
caverna, sobre un pentagrama pintado con sangre fresca y acompañada de una
cabra bípeda como mascota. Pero lo cierto es que, de vez en cuando, me sale la
vena amable y abro los brazos a bellezas de otro tipo.
En esta ocasión, Viki ha
logrado, en muy poquitas páginas, hacerse un hueco —uno más entre quienes la
conocemos— en el corazón. Sí, estamos ante una historia de amor, pero una que
atraviesa el tiempo y nos muestra cómo se aprecian los sentimientos en las
diferentes etapas de la vida y también las circunstancias —algunas más
complejas que otras—. Podría parecer un planteamiento muy sencillo: el vínculo
entre dos chicos que se conocen siendo muy jóvenes y que tratan de mantenerse
unidos a pesar de las dificultades —y aquí hay muchas, como en la vida misma—.
Sin embargo, creo que va bastante más allá de una mera relación romántica. Aquí
hay conceptos profundos, como la lealtad o el sentimiento de permanencia, y tal
vez ese sea su verdadero encanto. Casi vemos estas cosas como los residuos de
una especie extinta, lo cual, si me permiten ponerme ñoña, es deprimente y
desalentador.
Me pareció muy curioso que Viki
optara por una estructura dividida para narrarnos la historia. Y funciona
porque, de algún modo, plantea esa evolución del amor desde la madurez que
confieren los años. Para mí, es lo mejor del relato: consigue mostrarte ese
crecimiento personal de los protagonistas sin basarse en cursilerías típicas
del género. Y tampoco juzga como narradora. Se limita a contarte los
acontecimientos, nos invita a ser testigos de una primera cita, del compromiso,
de la capacidad de amar cuando las cosas se complican.
Que no te confunda el formato ni
su brevedad. Porque lo vas a leer en un pispás, pero no es una lectura ligera,
ni mucho menos.
De nuevo, Viki haciendo alarde
de su preciosa y efectiva sencillez narrativa.
Si eres de los que aún creen en
los amores que huyen del impulso pasajero, de esos que piensan en las
relaciones como decisiones sostenidas en el tiempo, Siempre en febrero será una
grata experiencia.

Comentarios
Publicar un comentario