LOS CRÍMENES DE LA ESQUELA
Antes de empezar Los crímenes de
la esquela pensé que lo más interesante que me ofrecería la historia sería
descubrir quién estaba detrás del misterio. Y sí, sin duda es una parte jugosa
del argumento, pero me ha encantado descubrir que su intensidad va mucho más
allá.
La premisa ya es un gancho por
sí misma: encontrar tu propia esquela en el periódico y, para colmo, que
anuncie tu muerte para unos días después. Todo apunta a un error o a una broma
de muy mal gusto. Pero lo que descubrirá Diego será muchísimo más complejo —e
inquietante—. A partir de ahí, Alejandra de San Cristóbal te mete de lleno en
una carrera contrarreloj en la que la intriga no deja de crecer.
Esperaba una narración fluida y
limpia —había leído La profecía de las 6 puertas y me gustó mucho—, pero aquí
he tenido además la impresión de que el texto está medido al milímetro. No
sobra ni falta una sola frase. El ritmo te obliga a ir enlazando capítulos a
todo tambor. No quieres perderte nada y a veces sientes que te falta el aire.
Aun así, tú quieres seguir y seguir leyendo. No lo puedes remediar.
Lo mejor del libro es Gaspar. Ha
sido mi personaje favorito con diferencia. Todo lo relacionado con su
conocimiento sobre la mente humana y la comunicación no verbal me ha parecido
interesantísimo. En cuanto aparecía en escena, sabía que, además de avanzar en
la trama, iba a aprender algo. Me gustó especialmente que aportara profundidad
y, para qué negarlo, me salía una sonrisilla cada vez que eclipsaba a Diego con
su inteligencia. Una auténtica genialidad.
En cuanto a la atmósfera,
Alejandra maneja estupendamente el suspense y consigue que desconfíes
prácticamente de todo y de todos. La incertidumbre hacía todo el trabajo. Y eso
es algo que como lectora agradezco bastante.
Me ha parecido un thriller que
ofrece exactamente lo que promete: una idea original, una intriga muy bien
cosida y una lectura que invita a decir: «Bah, venga, un capítulo más». Y eso,
cuando hablamos de un libro de este género, para mí siempre es una muy buena
señal. Aunque a veces haya que sacrificar horas de sueño… pero, oye, que me
quiten lo bailao.
Enhorabuena, Alejandra. ¡Otro
novelón y otro éxito!

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