Entradas

V

Imagen
La lengua de hercúleos poderes continúa mintiendo en la plaza, mientras la carne de los creyentes se seca a la intemperie, soñando acuarelas en el horizonte en lugar de las inertes cartulinas de ocres y negros.  Arrastrados sobre piedras, los cuerpos aguardan promesa de besos y fuentes en los desiertos de hastío que soplan fuego al corazón.  Los muertos entre llamas se rebelan contra el verbo trapacero. Sus cenizas suspendidas en el aire claman venganza, esperando aguacero de cuchillos afilados. Los vivos siguen en la plaza, atendiendo al discurso febril de la lengua que asesina sólo con hablar. Entretanto, los muertos flotan mudos, como partículas que nadie quiere respirar por temor al dolor de las verdades.  

IV

Imagen
  Se atoran los verbos de queja en las bocas, deambulando torpes entre lenguas y chasquidos de disconformidad. Hoy se conjugan como almas apretadas en el transporte público, empujándose unas a otras. Pero ahora que la ofensa se antepone al pensamiento, las filas de dientes son muros infranqueables, y nuestros yoes, prisioneros en una cárcel de carne, son forzados a callar. ¿Desde cuándo un verbo, por sangrante e indecente que sea, no puede salir a la calle? Hoy vivimos entre madejas que limitan la razón. Las ciudades se construyen con hilos y agujas, inspiradas gracias al ruido de los pasos de la multitud sobre el pavimento, todos al mismo compás. Grises ciudades donde cualquier color derramado por accidente se considera un crimen. Y también son grises las bocas y los ojos y las manos y los pies. Gris es la fe y también el entendimiento. El gris se derrama denso sobre parques y aceras, opacando soles y robando hojas al bosque. El gris es dictadura y opresión en el pecho, intoxi...

La fiera caníbal

Imagen
  Alcé la vista y entonces la vi atravesando el bosque, dejando tras de sí un reguero de sangre negruzco y maloliente. Supe poco después que la sangre no era suya, sino de alguien a quien había matado horas atrás. Corría comiéndose el brazo putrefacto de un sujeto que a esas alturas ya estaría muerto, un pobre incauto que al igual que yo se encontraba en el lugar equivocado. Me cuestioné entonces si merecía la pena adentrarme en el pinar, de bella presencia bajo la luz matinal pero un mausoleo de ramas y cortezas para seres sin brazos ni piernas, inocentes que yacían sin cráneos sobre montones de hojas secas a la espera de un pacto con los elementos que, despacio y con una crueldad heladora, desnudarían sus huesos, convirtiéndolos en la morada de insectos y otras alimañas antes de fundirse en el terreno como polvo inexacto de algo que una vez conoció los sinsabores propios de la vida. Hace rato que intento recordar los motivos que me condujeron a seguir el rastro de la fiera caníba...

III

Imagen
Hablan tus ojos en esta tarde vacía, entre álamos blancos y nogales desnudos que tiemblan al sufrir la caricia del dios invernal. Cuentan tus ojos la condena que los adormece poco a poco, entre oraciones ciegas y reclamos al verano, intentando avivar el incendio de eróticos bullicios, donde una vez se fundieron tus entrañas y las mías. Traen tus ojos la sentencia de una muerte, como si la tiniebla del desencanto hubiera hincado el diente feroz sobre tu lecho; como si la lluvia del cansancio hubiera inundado la habitación. Lloran tus ojos entre nieves de sensatez. Lloran los míos ante troncos mojados tras el diluvio. Juntos lloramos por no poder prender de nuevo el fuego, por aceptar la tormenta del fracaso.   

II

Imagen
  Hoy los guardianes sienten que el peso de sus espadas es insoportable. Arrastran las armaduras con la cadencia de un elefante moribundo que intenta mantener la dignidad intacta ante el bando contrario. Antaño el metal que los cubría brillaba contundente, signo recio de hegemonía y sangre de marzo. Ahora se sostienen sobre óxido y fatiga, deambulando bajo la luna como un ejército de huesos aburridos, abrazados por la niebla y las voces de sus antiguos compañeros, los que dieron la vida por una razón que ya ni recuerdan. ¿Y qué les queda, aparte de una espada manchada y la herrumbre de sus armaduras? Ninguno tiene nombre. Hace mucho que adoptaron una identidad invisible. No eran humanos entonces, sólo seres desprovistos de alma. Así pues, con una parte de sí mismos dentro de las fauces de la muerte, una que duerme sin darse cuenta de que tiene algo dentro de la boca, blanden los odios de otros que declaran guerras desde la comodidad de sus sillas, con los nombres intactos y las m...

I

Imagen
  Sangre de rutina que ha manchado estas paredes tiñéndolas de opaca obligación. El almíbar que antaño se antojaba delicioso y hasta adictivo, ahora se traduce en empalagosa malquerencia, un viaje al sótano del rechazo. Pantomima que desgasta ojos, piel y cualquier deseo. Y las voces, todas, surgen taimadas, reprimiendo gritos de abrumadora muerte. Qué ruidosos los demonios que yacen en la sombra aferrados al techo mientras cantan baladas de exterminio con sus hálitos de tósigo. Floto en la cama de las angustiosas verdades, sabiendo que este cuarto infecto acabará tragándome sin remedio. En eso se convirtió el mundo cuando te fuiste.

El salto

Imagen
  La lengua bífida del tiempo, la que engaña con afilado verbo de fraude, no deja de atosigarme. Cuenta fábulas de logros y virtudes, invitándome a saltar al vacío, y yo, fingiendo estar al margen de la cordura y también de la consecuencia, asiento a todo cuanto dice, manteniendo la ridícula esperanza de que esta vez la caída será indolora.